Sentiré que me quieres, pero olvidaré que lo haces.

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Nadie elige ser víctima de nada, hay dolencias que nos llegan o que nacemos con ellas sin tener explicación del motivo por el que nos haya tocado a nosotros “sufrirlas”. Nos convertimos en víctimas de males que nos afectan y trastocan nuestras vidas, sin una razón de ese aciago destino.

Pero hay una enfermedad en la que el enfermo no es la víctima, sino los familiares o los cuidadores (en casi todos los casos más bien las cuidadoras, que suelen ser las hijas, aunque haya varones en la familia).

Es una enfermedad silenciosa, destructiva, sin efectos dolorosos, más bien sedantes, que se arrastra por nuestra cabeza arrancando todo lo bueno o lo malo que hayas vivido. Empieza por lo reciente, lo inmediato para avanzar hacia atrás como un tsunami aniquilando todo lo que te hace ser TÚ, te empequeñece “literalmente”, vuelves a esa niñez. Ahora es cuando me doy cuenta que la película de “El curioso caso de Benjamin Buton” es una alegoría de lo que te sucede con el Alzeihemer.

Mi madre hace dos años estaba a  punto de jubilarse , tenía todos los sueños que cumplir en su retiro, que no en su vejez, viajaría por lo que le quedaba de mundo con mi padre. No he conocido jamás a dos personas que se quieran más, que se respeten y sobre todo que se apoyen y menos aún después de 47 años juntos. Iban a vivir su amor en otras fronteras y poder disfrutar de los años venideros de una felicidad plena.

Nosotras, sus hijas,  detectamos en mi madre una conducta errática en ese tiempo y la animamos a que fuera al neurólogo, nos costó más de 2 años que nos hicieran caso los médicos, pero después de nuestra insistencia y con cierta reticencia de mi padre que no quería aceptar lo que ya había notado él, la hicieron una revisión y detectaron “desgaste del cerebro”, es decir principio de Alzheimer, con 65 años.

Recuerdo (porque yo aún puedo hacerlo) la primera vez que fuimos a la asociación en Torrejón de Ardoz del Alzheimer,”Torrafal”, que hacen una magnífica labor, lo primero que nos dijeron fue que las victimas de esa enfermedad no son los enfermos que la padecen sino los familiares cercanos y más aún el cónyuge o los hij@s que vivan con el enferm@.

Aunque suene duro decirlo mi madre, va perdiendo memoria y opiniones sobre las cosas con muchísima rapidez, pero es mi padre quien se está consumiendo, su salud se está viendo afectada con achaques propios de la vejez y la pena , “Su mujer” se diluye en vida y él no puede nada más que estar cerca, pero ¿hasta cuándo? ¿Qué será de ella cuando él desaparezca? ¿Y cómo va hacer para ayudarla si ni siquiera puede ayudarse a él mismo?  El nivel de estrés que está sufriendo mi padre y mi hermana (que vive con ellos, con dos niños pequeños) es terrible, no dan abasto, deben estar pendientes de los suyo, de los niños y de que mi madre no organice todo, coloque y olvide dónde ha puesto las cosas. Están tan atentos de darla las medicinas, de que se cambie el parche, de que se arregle, se anime, de que disfrute estos últimos años de su vida “consciente”, que son ellos los que van desapareciendo . Estas son las verdaderas víctimas de esta terrible enfermedad que arrincona la memoria.

Otro de los efectos colaterales de este mal en los familiares, más bien en los descendientes es la carga genética que tiene, es decir la posibilidad de que cualquiera de sus hij@s la sufra , que nos produce una desazón y un vértigo tremendos, muchas veces atenazándonos,  bloqueándonos hasta intentar huir porque piensas que así no te vas a “contagiar”.

Hoy 21 de Septiembre es el Día Mundial del ALZEIHMER un mal “familiar”, lo padece uno pero lo sufren el resto, destroza a la familia anímicamente y la percepción de la rapidez o la lentitud de los efectos no es tan evidente, es un deterioro paulatino pero con diferentes velocidades.

Mi madre es aún consciente y eso es aún peor, porque se siente CULPABLE de lo que nos va a generar, y mi padre tiene pánico de que llegue el día en que ella le diga con sus ojos “Sentiré que me quieres, pero olvidaré que lo haces…

 

 

5 comentarios sobre “Sentiré que me quieres, pero olvidaré que lo haces.

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