Archivos Mensuales: abril 2016

CÁLLATE, que yo te sigo

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Aunque lo que vaya a escribir en el post de esta semana pudiera parecer algo triste, despertando algún tipo de compasión. He de decir que en absoluto es mi intención.

Tengo henchido el pecho, de ese tipo de grito desesperado, que cuando consigue asomar te desgarra por completo, pero luego te deja ese regustín del desahogo.

Llevo días, desorientada, perpleja, con miles de preguntas filosóficas que rozan la espiritualidad, en busca de esas explicaciones que tranquilicen mi alma, porque el corazón lo tengo algo desgarrado.

Pienso en esos exóticos viajes de quince días en lo que descubres tantas cosas, vives muchas experiencias y gozas de momentos mágicos y de aventura. Todo lo prometido en esos brillantes folletos se cumple en cierta manera y tú te muestras expectante, alegre, nervios@, por la ilusión de descubrir lugares diferentes.

También me da por recordar los quince días que esperas a que te den una respuesta, por ejemplo de ese trabajo que crees que será el de tu vida. Te meneas con nerviosismo durante esos días y tu cabeza no deja de imaginar cuando ya estés dentro, intentando luego olvidarlo, para que no te traiga mala suerte.

En ambos casos, uno más agónico que el otro. El paso de las horas es más o menos rápido, mas o menos gozoso, más o menos intenso. Sin embargo se irán borrando de tu mente, según discurra el zalamero tiempo.

Mis últimos quince días , han sido ambos. Perversos por la sorpresa que me ha dado la vida, gozoso porque descubres cosas en ti y en la persona que amas que desconocías, porque no habían aflorado y especialmente por esas malvadas y gratuitas lecciones que la vida ofrece sin esperar nada a cambio, ni siquiera desdén.

No deseo hacerme preguntas tipo ¿Porqué nos ha tocado a nosotros? , sería egoísta e injusto. Tampoco las del tipo ¿Qué NO hemos hecho bien para llegar a esto? que te martirizan sin obtener ninguna respuesta coherente, porque no depende de lo que hiciste en el pasado, sino de lo que debes hacer en este presente, para poder tener futuro. O aquellas como ¿En que momento empezó todo a fraguarse?, Porque no tiene importancia,es una información banal.

Sin embargo, sí que deseo averiguar cómo puedo afrontarlo, qué tengo que hacer para que él no sufra y como puedo ayudar a que sea más llevadero. Odio sentirme tan inútil por no poder hacer nada y tan culpable por no haberme dado cuenta antes.

La rabia, impotencia, ignorancia y la realidad me golpean machaconamente y estando aún KO, me levanto para poder mirar hacia el horizonte del futuro que por ahora se me nubla un poco.

No puedo expresar con palabras de aristas claras que es lo que pasa por mi cabeza, porque ahora ella no esta dónde debe y mis pies caminan zigzagueando el camino de la cordura.

Se me abre lentamente algo por dentro que pulula por mi interior cuando observo los rostros de sus hijas y su hijastro que le miran compungid@s, asustad@s y llenos de amor , pero  no logran ver a ese padre/astro lleno de energía, fuerte y feliz .

Cuando estas cosas suceden repasas tu listado de amig@s,  de los que dicen que lo son y los que realmente están, no porque aparezcan ahora, sino porque estuvieron siempre. De la familia que intenta ayudar como ell@s desean y no como se necesita, porque están tan asustados y temen que los vayas a obviar, sin darse cuenta que esto no es egoísmo, ni posesión y que sólo les intentas proteger del dolor que te invade y que no deseas compartir, porque el sufrir no debe “ir a pachas”. Encuentras personas que muestran tanto cariño y que nunca reparaste en ell@s, compañer@s del trabajo, que te emocionan sus esponjosas y sanadoras palabras.  También  te planteas si son importantes esos objetivos vitales que venías pergeñando prolijamente, para una vez alcanzados, regocijarte con el triunfo. Y de lo que más profundamente meditas es sobre el significado del verdadero amor.

No quiero ponerme azucarada, ni melosa, no es mi estilo. Únicamente intento escribir para que las letras vayan rasgando el papel, aunque sea digital, con estos negros sentimientos y que la tinta consiga aliviar la tristeza al verbalizarla.

Hace quince días fui a urgencias con mi marido y no hemos vuelto a salir. Cuando llegamos nos dijeron que tenía hidrocefalia con efectos devastadores en su vista, oído y en especial sobre su intensa memoria, que en los últimos tiempos se había vuelto espesa. Todo eso producido por un tumor cerebral, que el muy cabrón se ha adherido a la persona mas buena que conozco, que yo, sinceramente, creo que para succionar bondad y nobleza de ese cuerpo y mente que yo amo.

El diario de esta aventura se va escribiendo cada día, subimos y bajamos nuestra moral tan rápidamente que no nos da tiempo a recuperarnos en los tiempos de descanso. Lloramos y reíamos tantas veces que se nos agotan las lágrimas y las risas se nos ahogan. Nos besamos y acariciamos, animándonos porque ambos estamos seguros que saldremos, el problema es cuándo y cómo.

Hace solo quince días estábamos pensando en esos otros quince días del folleto de las vacaciones y esperando que nos dieran una respuesta positiva en una nueva aventura profesional mía. Sin embargo hoy, trascurrida esta cruel quincena, solo puedo pensar en si al decirle que le quiero, le podré curar al menos un poquito de esta puta enfermedad que me lo está desdibujando.

Ricardo cállate, que yo te sigo por dónde tu me necesites, por dónde yo pueda continuar QUERIÉNDOTE.

Las ARRUGAS son los mapas de cada vida

FullSizeRenderNo hay recuerdo de la niñez que no aparezca alguno de mis abuelos. Soy de las últimas generaciones que tuvieron la suerte de divertirse con ellos y de que nos malcriaran. Nuestros hijos no podrán disfrutarlos del mismo modo y eso me produce una pena terrible. Y si pienso en los nietos de nuestra generación, peor aún. Los tenemos tan tarde ,que si ellos hacen lo mismo que nosotros, no los podremos si quiera conocer.

Mi abuelo decía que las arrugas, son los mapas de cada vida. Hay unas mas profundas y otras más cortas o más largas. Pero cada una, si las observas bien, te cuentan un pedacito de camino andado. En cambio el corazón y el alma, no tienen ni una sola doblez, les sucede al revés y se van alisando con el tiempo. Tensándose para que todo lo que entre bueno, no salga y lo malo ni siquiera llegue a penetrar. Para todo esto, según él, tenías que vivir muchos, muchos años.

Cuando mi abuelo repasaba sus recuerdos, sus ojos se acristalaban, produciendo mil espejos que proyectaban esas imágenes del pasado, que aún recordaba. De vez en cuando, le caía alguna lagrima que limpiaba la pureza de sus recuerdos y me decía que hasta que no llegamos a su vida nosotr@s, sus niet@s ,no tuvo sueños de nuevo, porque solo contemplándonos, podría volver a desear algo de la vida.

Muchas veces cuando caminaba con él en sus paseos para pensar, que en el fondo eran para relatar, le agarraba la mano callosa de haber trabajado tanto en la vida y me hundía como el cuchillo en la mantequilla. Disfrutando del placer de sentirme segura, como si el solo hecho de conectarme con su mano, todo mi cuerpo quedara inmune al dolor, los miedos o cualquier otra sensación desagradable. Era mi cápsula de protección.

Mi abuela, en cambio, siempre parecía estar regañándome. Pero me abrazaba continuamente, dándome besos sonoros que, a veces, me avergonzaban. Yo estaba segura de que ella tenia poderes, porque solo con sus manos mágicas podía hacer pociones culinarias sabrosísimas. Nadie cocinaba mejor que ella. También podía arreglar zurcidos imposibles ya que sus cosidos eran irrompibles o podía curar heridas con vendajes de amor y besitos sanadores. Lo que planchaba no tenia jamás pliegues y toda la ropa que lavaba olía a amor. Hablaba mucho y atontaba a los fantasmas que querían llevarnos por las noches. Nos llenaba el alma de saberes tradicionales con sus relatos a rebosar de detalles. Todo en ella tenia explicación, tan sencilla, a veces, que hoy, a mis hijos se lo trasmito igual.

Mis abus me aportaron filosofía de la vida, todo lo entendían y lo verbalizaban con cualquier dicho oportuno que me sorprendía por toda la verdad que escondían. Me entregaban su sabiduría basada en su experiencia vital y nunca se equivocaban. Me daban todo el cariño que contenían sus pequeños y arrugados cuerpos, que tenían guardado, porque no supieron entregárselo a sus hijos. Por esa estúpida creencia de que la disciplina no puede confundirse con exhibiciones empalagosas de amor. Pero con sus nietos al no sentir ese corsé , se liberaron de prejuicios y ataduras.

Antes, a los abus, los visitabas los fines de semana o te pasabas temporadas en sus pueblos, pero ahora han pasado a formar parte de esas constelaciones nuevas familiares. Su papel hoy en día es aun mas importante, porque además de aportar todas esas cosas maravillosas, como son compartir sus conocimientos ancestrales, valores familiares, creencias y especialmente los vínculos generacionales, también les hemos ungido con la responsabilidad de ser Nuestr@s sustitut@s honorari@s.

Pero tienen tanta responsabilidad y les exigimos tanto que a veces les hacemos infelices. No nos damos cuenta que esa generación trabajó mucho, para sacarnos adelante y necesitan descansar. Les ponemos normas, les decimos como hacerlo, como si ellos no nos hubieran criado y sobre todo les imponemos prohibiciones. Todo aquello que nuestros abuel@s nos aportaron ,se los hemos quitado a nuestros padres como abuel@s.

Les toca mimar y malcriar y lo que están haciendo es ayudarnos en estos momentos de crisis o en las situaciones de padre o madre divorciados. Cuidan de nuestros hijos cuando nosotros no podemos hacerlos, pero con listas interminables de obligaciones que ni siquiera nosotros tuvimos . Ayudan de manera muy activa en la educación de sus nietos, porque viven y conviven con ellos.

Estos abus que soñaban con su jubilación, que tienen tantas formas de divertirse, viajes el Inserso, yoga, zumba , actividades lúdicas municipales, que además, no están mal vistas como antaño, les sacrificamos para que se ocupen de nuestros hij@s.

No solo ha cambiado el ABUELAZGO en el sentido de que antes era un derecho y ahora es una obligación, sino que además se han invertido los papeles. Los nietos están enseñando a sus abuelos cosas de la vida, como usar el ordenador o conocimientos escolares que ellos nunca recibieron, porque ni siquiera existían. Forman parte de sus vidas entretejiéndola en equipo, bidireccionalmente. Y en las que nosotros, los padres, deberíamos flexibilizar un poco para poder formar parte de esa red imaginaria que van creando ell@s con nuestros vástagos.

Estos abus después de haber sido arrastrados al cine por sus niet@s, a ver una una peli de esa de héroes que nunca mueren, al mirar a los ojos de sus pequeños rostros, son conscientes de que su INMORTALIDAD sin vistosos trajes, ni poderes especiales, perdurará para siempre a través de ell@s.

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