CÁLLATE, que yo te sigo

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Aunque lo que vaya a escribir en el post de esta semana pudiera parecer algo triste, despertando algún tipo de compasión. He de decir que en absoluto es mi intención.

Tengo henchido el pecho, de ese tipo de grito desesperado, que cuando consigue asomar te desgarra por completo, pero luego te deja ese regustín del desahogo.

Llevo días, desorientada, perpleja, con miles de preguntas filosóficas que rozan la espiritualidad, en busca de esas explicaciones que tranquilicen mi alma, porque el corazón lo tengo algo desgarrado.

Pienso en esos exóticos viajes de quince días en lo que descubres tantas cosas, vives muchas experiencias y gozas de momentos mágicos y de aventura. Todo lo prometido en esos brillantes folletos se cumple en cierta manera y tú te muestras expectante, alegre, nervios@, por la ilusión de descubrir lugares diferentes.

También me da por recordar los quince días que esperas a que te den una respuesta, por ejemplo de ese trabajo que crees que será el de tu vida. Te meneas con nerviosismo durante esos días y tu cabeza no deja de imaginar cuando ya estés dentro, intentando luego olvidarlo, para que no te traiga mala suerte.

En ambos casos, uno más agónico que el otro. El paso de las horas es más o menos rápido, mas o menos gozoso, más o menos intenso. Sin embargo se irán borrando de tu mente, según discurra el zalamero tiempo.

Mis últimos quince días , han sido ambos. Perversos por la sorpresa que me ha dado la vida, gozoso porque descubres cosas en ti y en la persona que amas que desconocías, porque no habían aflorado y especialmente por esas malvadas y gratuitas lecciones que la vida ofrece sin esperar nada a cambio, ni siquiera desdén.

No deseo hacerme preguntas tipo ¿Porqué nos ha tocado a nosotros? , sería egoísta e injusto. Tampoco las del tipo ¿Qué NO hemos hecho bien para llegar a esto? que te martirizan sin obtener ninguna respuesta coherente, porque no depende de lo que hiciste en el pasado, sino de lo que debes hacer en este presente, para poder tener futuro. O aquellas como ¿En que momento empezó todo a fraguarse?, Porque no tiene importancia,es una información banal.

Sin embargo, sí que deseo averiguar cómo puedo afrontarlo, qué tengo que hacer para que él no sufra y como puedo ayudar a que sea más llevadero. Odio sentirme tan inútil por no poder hacer nada y tan culpable por no haberme dado cuenta antes.

La rabia, impotencia, ignorancia y la realidad me golpean machaconamente y estando aún KO, me levanto para poder mirar hacia el horizonte del futuro que por ahora se me nubla un poco.

No puedo expresar con palabras de aristas claras que es lo que pasa por mi cabeza, porque ahora ella no esta dónde debe y mis pies caminan zigzagueando el camino de la cordura.

Se me abre lentamente algo por dentro que pulula por mi interior cuando observo los rostros de sus hijas y su hijastro que le miran compungid@s, asustad@s y llenos de amor , pero  no logran ver a ese padre/astro lleno de energía, fuerte y feliz .

Cuando estas cosas suceden repasas tu listado de amig@s,  de los que dicen que lo son y los que realmente están, no porque aparezcan ahora, sino porque estuvieron siempre. De la familia que intenta ayudar como ell@s desean y no como se necesita, porque están tan asustados y temen que los vayas a obviar, sin darse cuenta que esto no es egoísmo, ni posesión y que sólo les intentas proteger del dolor que te invade y que no deseas compartir, porque el sufrir no debe “ir a pachas”. Encuentras personas que muestran tanto cariño y que nunca reparaste en ell@s, compañer@s del trabajo, que te emocionan sus esponjosas y sanadoras palabras.  También  te planteas si son importantes esos objetivos vitales que venías pergeñando prolijamente, para una vez alcanzados, regocijarte con el triunfo. Y de lo que más profundamente meditas es sobre el significado del verdadero amor.

No quiero ponerme azucarada, ni melosa, no es mi estilo. Únicamente intento escribir para que las letras vayan rasgando el papel, aunque sea digital, con estos negros sentimientos y que la tinta consiga aliviar la tristeza al verbalizarla.

Hace quince días fui a urgencias con mi marido y no hemos vuelto a salir. Cuando llegamos nos dijeron que tenía hidrocefalia con efectos devastadores en su vista, oído y en especial sobre su intensa memoria, que en los últimos tiempos se había vuelto espesa. Todo eso producido por un tumor cerebral, que el muy cabrón se ha adherido a la persona mas buena que conozco, que yo, sinceramente, creo que para succionar bondad y nobleza de ese cuerpo y mente que yo amo.

El diario de esta aventura se va escribiendo cada día, subimos y bajamos nuestra moral tan rápidamente que no nos da tiempo a recuperarnos en los tiempos de descanso. Lloramos y reíamos tantas veces que se nos agotan las lágrimas y las risas se nos ahogan. Nos besamos y acariciamos, animándonos porque ambos estamos seguros que saldremos, el problema es cuándo y cómo.

Hace solo quince días estábamos pensando en esos otros quince días del folleto de las vacaciones y esperando que nos dieran una respuesta positiva en una nueva aventura profesional mía. Sin embargo hoy, trascurrida esta cruel quincena, solo puedo pensar en si al decirle que le quiero, le podré curar al menos un poquito de esta puta enfermedad que me lo está desdibujando.

Ricardo cállate, que yo te sigo por dónde tu me necesites, por dónde yo pueda continuar QUERIÉNDOTE.

5 comentarios sobre “CÁLLATE, que yo te sigo

  1. Precioso, realista y duro.
    Sabes que los pensamientos positivos, son muy necesarios para poder sobrellevar
    estas situaciones tan complicadas.
    Pero, Ricardo y tu, tenéis el mejor antídoto, vuestra unión, respeto y el gran amor que os profesáis.
    Besos, Olga

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  2. ¡Cómo entiendo por lo que estás pasando amiga, cómo entiendo tus sentimientos, cómo entiendo tus palabras que quitan el aliento! La vida es preciosa pero también amarga y cruel cuando se empeña en serlo. Un día puede ser un mundo o tan sólo 24 horas.

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  3. Cuando Piensas dejar un comentario te preguntas hay palabras, para mandarte un mensaje, de aliento, de amor , de compresión, y de esperanza, son cosas que nos sobrecogen como tú dices preguntas sin respuesta, solo desear que sea un tiempo que pase pronto, que vuelva a salir el sol, y que esto sea como un paréntesis en tu vida, ánimo para toda la familia.

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  4. Querida Carol,

    Te preguntas cómo puedes afrontarlo, sin darte cuenta de que lo estás afrontando segundo a segundo de la manera que tú sabes y como tú eres, y a mí me parece que con mucho amor, lo que seguro ayuda a Ricardo que es lo que deseas.

    Así que por favor no te sientas inútil, porque tu papel no es el del médico curador, ese papel es de otros, el tuyo es estar a su lado con amor, tal y como estás haciendo.

    Y culpable tampoco. Las señales de las enfermedades no se muestran claramente a nuestros ojos.

    Sabes que no estáis solos, vuestras familias y amigos os rodean y os quieren, deseando permanecer a vuestro lado para acompañaros en este duro momento.

    Mucha fuerza para continuar y un gran abrazo,
    Teresa

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