Archivos Mensuales: mayo 2016

Sanadoras, Pitonisas y Ángeles

Llevo años intentando escribir sobre la amistad, pero siempre encuentro alguna excusa para no hacerlo. Una vez leí algo maravilloso de la gran Maestra Rosa Montero sobre este tema (http://elpais.com/diario/2010/09/19/eps/1284877621_850215.html) y se lo envié a mis amigas, prometiéndolas que algún día escribiría sobre ello, aunque no de forma tan bella como lo hacía Rosa, pero sí tan sentida y pura.

imageAhora, que en los últimos años se ha producido el descubrimiento de ese tesoro, sea por la llegada de los cuarenta o quizás de la maternidad, que en mi caso coincidió, dibujas una barrera invisible que separa los años en los que simplemente tienes colegas, de esos otros, en los que sabes que lo que posees realmente son amistades.

L@s verdader@s compañer@s de la vida son inversamente proporcionales a las arrugas de tu cuerpo. Cuando no se ha marcado ningún surco en tu piel, tienes un ristra incontable de amig@s, pero,según van tatuándose el paso del tiempo en tu piel, ese número se reduce, a casi a los dedos de una sola mano. Y no porque vayan desapareciendo por la edad, sino por que los vas dando de baja con carácter definitivo de tu listado de acompañantes vitales.

Me considero una persona con una vida social muy activa, cuyo recuento de amig@s es enorme y que depende de que momento, o que proyecto vital me encuentro, genero en mi entorno un numero considerable de amiguetes temáticos. Si estudiaba algún master o curso o me iba a vivir fuera o me apuntaba algún gimnasio o clases de idiomas o cualquier otra actividad cultural o de ocio colectiva, entonces aglutinaba una serie compis del rollo de moda en el que en ese momento me hallaba.

Como mi vida tiene grandes puertas giratorias, en las que entran y salen esas caprichosas e intensas amistades, que pululan durante un ciclo de mi vida, nunca reparé en que la apreciada amistad significaba otra cosa.

Vivía en forma de aventuras saltando de experiencia en experiencia, exprimiendo todo lo que eso me aportara. Hedonismo en estado puro, que me proporcionó numerosos amiguetes. Sin embargo, fue llegar a la madurez mental y comencé a caminar zizigueante, intentando sortear las piedras o los retos del camino, disfrutando o sufriendo del paseo, momento en el cual hallé la verdadera amistad.

Hasta la madurez divides tus amigos entre los del barrio, los de los estudios y los temáticos. Luego coges ese exhaustivo y largo inventario y ya sin orden de prelación enumeras por grupos esos leales amig@s que hasta ese momento no habías podido discernir. Existen cinco tipos según la percepción que tienen ell@s de la manida amistad. Sin embargo, para mí, ese número se reduce a tres, si sólo tenemos en cuenta l@s que realmente merecen la pena. Nada tiene que ver, cuando llegaron a tu vida, sino lo que te han aportado, aunque haga poco que los has encontrado. Tod@s ell@s pueden ser de un solo tipo o tener algo de cada grupo. Los enumero de menos a más, para que os quede el regusto de lo bueno.

L@s vampir@s emocionales: Te persiguen toda la vida, con diferentes cuerpos y distintos nombres, pero se adhieren como las pulgas a los perros. Se suelen aferrar en el climax de las buenas épocas. Se pegan a ti, para absorberte toda aquella energía que rodea tu cuerpo. Solo acuden cuando hay ocio, positivismo, frivolidad, cuando pueden subirse al vagón de tu feliz aura para que les llenes el motor de sus tristes vidas , antes de que tu la agotes en ese frenético devenir. Se lo permites, porque como rebosas, no te importa, además, no suelen quedarse cuando se acaba esa fuerza. Por lo que no debes preocuparte que no te estorbarán.

L@s satélites: Forman parte de tu imaginario social tejido a lo largo de los años. Supervivientes de épocas frívolas, que parecen haber sentido cierta conexión contigo que no desean romper, aunque ahora estéis en puntos diferentes. Algun@s vuelven a tí en los malos momentos, en los que cualquier apoyo en tu espalda, te ayuda a discurrir por esas tortuosas horas de sufrimiento. Llaman a la puerta, les saludas,  entran y callejean una temporada por si pueden ayudarte en algo. Nunca averiguas antes de que lleguen que lo van hacer, por eso te sorprenden tanto y aprecias profundamente que estén ahí, pero no los puedes querer como a los que siempre estuvieron. Aunque pueden llegar a convertirse en verdades@s amig@s de los de “para siempre”.

L@s angeles: Son aquellos que te cuidan siempre, sin inmiscuirse nunca. Acometen su tarea de forma epistolar, telemática, telefónica o simplemente con las ondas del amor que se expanden desde donde estén para vigilar que nadie se atreva hacerte daño y, muchas veces, que tu misma no te lo produzcas con alocadas decisiones o arrebatos estúpidos de ira. Llevan toda la vida contigo y su poder alcanza miles de kilómetros desde donde estén hasta cualquier punto del mundo dónde tu te encuentres y desde la tierra hasta el cielo cuando marchan para allí. Son aquell@s que te miran con ternura y te arropan cuando hace frío de desamor o de simple tristeza, vigilando atentos cuando las tribus urbanas y rurales de las que de una forma u otra formas parte, te arañan con críticas injustas que te provocan mucho daño o cuando te escupen palabras de odio arremolinadas con envidia. Procuran estar de continuo, pero en la distancia. Su cobertura siempre alcanza, aunque te encuentres en el túnel más negro de tu vida.

L@s pitonis@s: Son mis guías emocionales. En el pasado me cogieron muchas veces de la mano, me dejaron acurrucarme en su pecho para llorar y compartimos tantos momentos de alegría, como de penas, a veces suyas otras mías. En el  presente, con sus pócimas de amargo almizcle , suave y untuoso al tacto, me zarandean con su pasión y me hacen vibrar con su alegría. Las sonrisas que me ofrecen siempre son preciosas y tan repletas de sentimientos que no les cabe en sus rostros, pero sí en mi corazón. Son mis herman@s que me apoyan, que me sufren, que me animan, que me dicen que es lo mejor, que constantemente lanzan besos de ánimo y cuando caigo siempre me levantan con palabras de futuros inciertos, pero generosos, con abrazos de constelaciones triunfantes y sobretodo con amor universal hasta el infinito.Te enganchan para el futuro, porque predicen que siempre estarás junto a ell@s . Te manifiestan al leer las viejas cartas sobadas por el tiempo, que yo soy la reina, el diablo, el hada, el puente o cualquier otra figura del tarot, manifestando que siempre tendrás un futuro espectacular, y yo me pregunto -¿Cómo no lo va a ser, si estarán ahí junto a ti hasta el final?-

L@ sanadores: Son aquel grupúsculo , que con sus remiendos abrochan los corazones rotos y cosen con hilo níveo tu alma, a veces, perdida, sanando con cariño y amor. Son l@s curander@s del espíritu y del cuerpo, que cuidan las heridas abiertas, llenas de pus de tristeza con apósitos de ternura y férrea disciplina.Con kilómetros de fatigas entrenan el cuerpo y activan tu espíritu, te entregan sus oídos y usan sus labios para verbalizar aquello que no logras expresar. Con sus constantes consejos te revitalizan entera para esculpirte a diario. Infatigables entrenamientos de músculo de la pasión, que me suelen hacen perder kilos y kilos de amargura, cincelando mi indómita alma. Lo peor de est@s sanadoror@s es que no logran diagnosticar que lo que tienes es una enfermedad crónica que es mi dependencia de ell@s.

A todas vosotras ( porque sois casi todas mujeres) las que sabéis que estáis incluidas, que no son tod@s l@s que estáis en la foto, que aunque no os lo diga todos los días, más bien nunca, OS QUIERO. Gracias por dejarme ser parte de VOSOTRAS y por ser un poquito de cada cosa: Sanadoras, Pitonisas y Ángeles, especialmente ahora.