Érase una vez que las PRINCESAS y los PRÍNCIPES se convirtieron en RANAS

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Nunca emprendí ese viaje que siempre deseé. Ahora sólo quedaba observar desde allí el sufrimiento que había dejado. Miraba una y otra vez, vencida por el cansancio de una vida empalagosa de dolor. Observaba la familia desgarradoramente desestructurada en la que mi marido nos había convertido al acabar con mi vida de manera violenta delante de mis hijos, aunque yo, realmente, había muerto años atrás. Me hallaba en ese limbo reflexivo que me permitía ver lo que dejaba atrás antes de partir al sitio que me estuviera reservado en el cielo cristiano porque en el infierno ya había pasado demasiado tiempo en vida. Mientras los miraba recordé todo…

Las lágrimas vertidas que empaparon mi rostro durante tanto tiempo jamás me hicieron más fuerte. Arrasaban mi rostro compungido con un mejunje de sentimientos y emociones. Laceraban hasta lo poco que quedaba de dignidad dentro de mí y aunque me arrastraba suplicándole que no me dejara de amar, él continuaba propulsando su odio a través de patadas y “hostias” en aquellos sitios que fuera imposible verlo con esas prendas que ocultaban no sólo mi cuerpo sino mi vergüenza. Sus continuas bocanadas heladas de palabras de desprecio escupían sobre mi magullado cuerpo. Sin embargo, cada golpe que lanzaba me hacía pensar que los recibía porque me lo merecía y le buscaba con mis brazos para decirle que me dejara de golpear porque lo había entendido.

Recuerdo nuestros primeros besos robados, las constantes llamadas para decirme simplemente que me quería. Los regalos de ropa que le gustaba que llevara rogándome que la cambiara por la mía porque la que yo solía llevar provocaba a los hombres. Me amaba tanto que no deseaba que estuviera con mis amigas porque me quería para él SOLO. Nunca percibí nada. Sólo deseaba que me amara y él lo hacía. Me estrujaba de cariño.

Nos casamos en otoño, ya estaba embarazada de mi primer hijo. Creo que fue el único que engendré enamorada. Luego vendrían dos más, fruto de las torturas del desprecio y del cariño mal entendido. Al principio sólo lo hacía en la intimidad. Él decía que me hacía el amor, sin embargo, yo sentía que me violaba. Se contoneaba jadeante, apretando su genital dentro de mí con tal fuerza que me producía un dolor agonizante.

Muchas veces al llegar a casa de cualquier recado me llamaba “puta” y me arrastraba por el suelo agarrándome del pelo. Me llevaba al cuarto y me golpeaba hasta que la ira se le diluía. Después se iba a ver un rato la televisión, para más tarde, volver llorando y gritándome que me quería. Él era celoso porque yo le pertenecía. Igual que el ganado. Me prometía con las palabras que no lo volvería hacer, mientras que con su mirada me amenazaba de muerte si osaba revolverme.

Pasé muchos años así, hasta que una vez una amiga que nunca supo lo que me sucedía, al verme cada vez más triste, me habló de un maravilloso lugar,que según ella, todos debíamos ir en la infancia. Un parque de atracciones del amor: “la Ciudad de las Caricias” repleto de gente que te proporcionaba con gestos y palabras amor verdadero, de ese que te hace ser FELIZ de mayor.

Hasta el día que él me mató tuve preparada la maleta mental para que mis hij@s pudieran conocer el amor sano, los TE QUIEROS libres de culpabilidad, temor y maldad, sin embargo nunca pude emprender el único viaje que me hubiera salvado.

Incluso muerta creía tener la culpa de lo que había sucedido. Allí de pie mientras observaba lo que había dejado, noté que aún llevaba el desgarrador vestido de la culpabilidad que se adhería a mi sin dejarme respirar los pocos atisbos de positividad que algún día seguro que atesoré…

ELLA es cualquiera de las 39 mujeres ASESINADAS por sus parejas varones en lo que va de año (el 66% vivían con ellos) y aún quedan las Navidades (periodo propicio para que se produzcan más muertes).

Hace unos meses leí algo sobre una teoría llamada “La economía de las caricias” de Claude Steiner (6 enero de 1935. Francia), Doctor en psicología. Además de discípulo y colega de Eric Berne (creador del Análisis transacciones) y padre de esta cita “ Los niñ@s son Principes y princesas hasta que sus padres los convierten en ranas”

Lo que Steiner llama la “Psicología de la liberación” se apoya en tres pilares centrales :

1.- El Análisis Transaccional como teoría y técnica de estudio del ser humano.

2.- La Educación Emocional como método para tomar consciencia y responsabilidad de nuestros actos.

3.- Desarrollo del Poder Personal para cambiar nuestra realidad.

A los niñ@s se les debería educar sobre sus diferentes sentimientos, cómo hablar de ellos, cómo expresarlos y controlarlos. Entrenándoles con una actitud cariñosa y centrándose en el desarrollo de relaciones amistosas y cooperativas. Basadas en el corazón.

Steiner organizó unos grupos de conducta,(el más popular se llamó la “Ciudad de las caricias” ) en el que se desarrollaron técnicas para el aprendizaje de la Educación emocional, que es la inteligencia emocional centrada en el corazón. Cuya condición esencial es AMAR (a uno mismo y a los demás) y SER AMADO (por uno mismo y por los demás).

El entrenamiento en educación emocional implica tres habilidades:

a. Hablar de nuestras emociones y de lo que las causan.
b. Desarrollo de nuestra capacidad de empatía y de intuición
c. Disculparse por el daño causado por nuestros errores emocionales.

Una caricia es un acto de reconocimiento. Las caricias pueden ser según la emoción o la sensación que invitan a vivir :

a) POSITIVAS: producen emociones o sensaciones agradables e invitan a comportarse de manera positiva

b) NEGATIVAS: provocan emociones o sensaciones desagradables. Se subdividen en:
Agresivas: causan dolor, daño moral o físico
De lástima: favorecen la desvalía personal y disminuyen la autoestima.

A través de lo que el llamó “Padre crítico“ que era el que proporcionaba las caricias NEGATIVAS los niñ@s desarrollarían en su edad adulta conductas violentas. En cambio el Padre Nutricio que representa las caricias positivas, convertiría a l@s niñ@s del hoy en personas felices del mañana con relaciones sociales sanas.

La Educación emocional de l@s niñ@s podría ser una solución para evitar la violencia en las relaciones de pareja , en el entorno, en los colegios. Educar en valores positivos , en la gestión de afectos.

Por eso me pareció interesante lo que leí sobre esta teoría y creo que se podría cambiar esta terrible lacra desde la EDUCACIÓN EMOCIONAL en valores, principios y sobre todo AMOR. Viajemos con nuestr@s hij@s a la CIUDAD DE LAS CARICIAS POSITIVAS, dónde nuestra protagonista nunca pudo llegar.

NO AL MALTRATO DE MUJERES 

( 25 de Noviembre Día internacional contra la VIOLENCIA DE GÉNERO)

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Un comentario sobre “Érase una vez que las PRINCESAS y los PRÍNCIPES se convirtieron en RANAS

  1. ¡¡Que razón tienes!!, sin embargo hoy la lacra de la violencia es cada vez más grande, y no se limita sólo a la ejercida contra las mujeres, sino también existe contra niños/as, ancianos/as, hombres…. La violencia se está extendiendo como una mancha de aceite por todo el mundo (guerras, ataques terroristas, ataques a refugiados, ataques a no nacionales de un país…. ). El mundo lleva muchos años gangrenado, pero ahora está en la fase final (cuando peor huele la gangrena), y como no haya cirujanos valientes que corten las partes enfermas y muertas acabará muriendo entero.

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