Archivos Mensuales: enero 2017

El ZOO mental

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Los hombres no son prisioneros del destino, sino prisioneros de su propia mente.

Franklin Roosevelt. (1882-1945). Político estadunidense.

Desde hace un par de años, cada día pongo el despertador unos 30 minutos antes de la hora obligada.
Durante esa media hora, con la luz apagada y tumbada en la cama, llevo a cabo un ritual mental diario que me ha ayudado a que el envase del cerebro (mi cabeza) se mantenga en sus sitio durante los malos momentos y en modo lúdico en los buenos.

El ritual consiste en lo siguiente:

1.- Cuando suena el despertador, sonrío durante unos segundos. Para mí es la mejor aspirina emocional del mundo. Si comienzas el día literalmente con una sonrisa tendrás un día maravilloso.
2.- Luego practico 15 minutos de Reiki en los que inyecto toda la energía universal que puedo y envío un poco para aquellos que no están carnalmente pero que quizás sí en otro “lugar”. Esto me hace relajarme hasta el punto que casi dejo mi mente en garabatos, porque en blanco en mi caso es dificilísimo
3.- El siguiente paso del ritual siguiendo el inteligente consejo de Alicia en el País de las Maravillas es “intentar hacer al menos 6 cosas imposibles antes de desayunar”. Yo he hecho una adaptación y lo que intento es tener al menos 6 pensamientos positivos antes de desayunar.
4.- Para terminar planifico lo que quiero hacer ese día. Aquí muchas veces tengo un fallo de sincronización con la agenda digital y la verdad es que casi nunca sale todo lo que he pensado, pero al menos el haberlo organizado mentalmente me proporciona seguridad.

Lo siguiente es el café mañanero que me sabe a gloria y luego la  ducha, no sólo para la limpieza corporal sino para eliminar mis malos pensamientos nocturnos, pesadillas que se enredan e insomnio temporal, dando comienzo a un nuevo y energético día.

Todo este ceremonial místico empezó cuando supe de la existencia de los bichos mentales que hacían estragos en mis decisiones, impulsos y emociones. Para ser sincera he de deciros que tardé mucho tiempo en domesticar el zoo mental que tod@s tenemos y pocas veces dominamos.

Os detallo los tres tipos de mentes como estado que podemos detectar en algún momento. Las dos primeras no son muy convenientes, sin embargo la tercera es el antídoto de las anteriores:

La mente Perro

Si piensas en un perro visualizas cuando juguetean detrás de una pelota o un hueso de plástico.Pues así es nuestra mente, corre como un perro persiguiendo un pensamiento o un impulso royéndolo con cierta laxitud pero convulsivamente. Hay que estar muy atento a esos “huesos de plástico” para evitar ese juego de persecución obsesiva que produce enroscamiento en esos pensamientos.

La mente de mono

Cuando decimos que la mente es como un mono, nos referimos a la propia naturaleza del animal. En realidad hay dos monos que conviven en nuestra mente. Uno es inquieto, ágil, dinámico y se distrae con facilidad. No puede estar calmado y va saltando de rama en rama prestando poca atención a las cosas. Luego tenemos el mono vago que es más corpulento, perezoso y que adora dormir. Dos formas de actuar distintas en una misma mente.

Según Rafael Santandreu, (psicólogo conocido entre otros libros “Las gafas de la Felicidad), define la mente neurótica de una forma similar a como la entendía Steve Jobs y esta es la que padece terribilitis, una enfermedad que sería la tendencia a pensar que cualquier adversidad es terrible. ¿Qué quiere decir esto?:El mono salta de rama en rama, buscando el lugar ideal, perfecto, ese que nunca llega, por lo que jamás podrá detenerse. Siempre salta escudriñando un nuevo sitio y buscando la felicidad. Cómo no logra encontrarla continuará brincando, incluso en muchos casos con desesperación. El problema está en intentar hallarlo en el sitio equivocado, no siendo consciente de que el bienestar se halla en el interior, en nuestra manera de pensar.

Para evitarlo Santandreu recomienda un trabajo de reeducación y de dialogo interno. Convivir con los monos. ¿Parece fácil, verdad? Pues no lo es.

La mente león

También llamada de Buey. Se usa para hacer referencia a esa cualidad de la mente de permanecer, tranquila y centrada como un león que observa lo que ocurre en la sabana. Esta es la mente positiva. No hay que buscarla , tenemos que dejar que surja y fluya. A través de la meditación lo podremos conseguir pero se necesita tiempo y práctica.

El yoga puede ser una herramienta muy útil también para domesticar nuestra cabeza porque distingue tres campos mentales : Manomaya, la mente ordinaria; Vignanamaya, la mente intuitiva; y Anandamaya, la mente feliz.
Cuando hablamos de la “mente de mono” nos referimos a Manomaya, la mente ordinaria o intelectual que obtiene el alimento de los sentidos y constituye la parte más superficial de nuestras experiencias. Dentro de este campo mental experimentamos todos los miedos, angustias e inquietudes. Nos situamos en una identificación equivocada de la mente , por lo que habrá que ir progresivamente
“desidentificándonos” de Manomaya. De esta forma entraremos en Vignanamaya, que es la mente intuitiva. El yo y el mío se diluyen y todo parece más cristalino . El último nivel , es decir, la mente FELIZ nos lo encontraremos cuando llegamos al campo mental conocido como Anandamaya, que es la mente más ligera.

Tenemos que tener claro que NO podemos relajar la mente mono, no hay que reprimir lo que es por naturaleza, sino intentar purificar nuestra conciencia a través de la “desidentificación” de los juegos del mono. Habrá que continuar lanzando plátanos sin embargo observémosles, intentando ser conscientes de todo lo que sucede en nuestra mente. Con la practica y el tiempo pasaremos a nuestra mente intuitiva. Confieso que llevo dos años practicando y todavía siento correr como un loco al perro y al mono. A veces no tengo tiempo ni de observarlo, pero es posible.

Al ceremonial matutino, se le une el nocturno. Cuando el día se está acabando, después de ver alguna película, me pongo mis tapones, mi antifaz (nada sexy lo se) y hago una reflexión del día. Repaso los objetivos que he conseguido, aunque sean nimios (sacar la basura por ejemplo) o lo que he aprendido de ese día y lo mejor de todo qué cosa nociva he desaprendido. No todos lo días este ritual se completa satisfactoriamente si lo miramos desde un punto de vista de resultados buenos. Sin embargo como soy de la creencia que de lo malo también se extrae algo bello pues entonces todos los días de mi vida son fructíferos.

Es cierto que me pongo como una loca en plan safari astral a cazar bichos que agiten este cerebro ya aturdido con tanto bailecito emocional. Controlo el puñetero mono, transformo mi respiración en mas lenta y pausada, saco el buey o el león a pasear según haya sido el nivel de cabreo ese día. Me pongo a observar el mundo escuchando su silencio, me embullo en su mar de tranquilidad y dejo llevar mis pensamientos por los meandros de su relajante río de tranquilidad. Sin juzgar. Os aseguro que FUNCIONA.

Sólo me queda despedirme de una forma onomatopéyica :¡ Guau guau¡ ¡Hasta la próxima¡

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