KUFUNGISISA surfea pletórica entre nosotr@s

te arrodillas ante la desesperación,
arrastrándote por la angustia.
Reptando de agónica tristeza,
Mientras gritas de iracunda impotencia

YO paro los relojes para no sentir,
deteniendo las lágrimas de salitre amargo.
Intento levantarme del suelo de la desolación,
buscando arroparme con las mantas de la compasión

Mientras ELL@S caminan hasta la noche vacía,
deambulando entre sentimientos encontrados.
Pierden lo perdido de la pérdida
Se hallan desubicad@s en el universo de la pena

Ha llegado KUFUNGISISA, imponente, demoledora
ArrasandoTE, martirizándoME y aniquilandoL@S

Hace pocos días uno de mis mejores amigos me confesó que había pasado una terrible depresión en los últimos meses y que no había sido capaz de decírselo a nadie y menos aún de pedir ayuda a las personas que le queríamos. Desapareció de nuestras vidas y se puso en manos de un psiquiatra que le ha ayudado a ir saliendo poco a poco de esta terrible enfermedad.

Me sentí terriblemente culpable por no haber estado junto a él, incluso llegue a enfadarme porque nunca quería quedar conmigo. No estuve cuando una profunda tristeza le lamía todo el cuerpo, escupiéndole babas de pena y estrujándole el corazón que no lograba latir más que una fúnebre cadencia.

Me relató de manera prolija cual había sido su doloroso periplo de caída a los infiernos, regurgitando palabras profundamente vagas, mientras sus ojos iban apagándose y sus manos no paraban de moverse espasmódicamente.

Me confesó que llevaba mucho tiempo tomando unas pastillas que aunque le ayudaban a no sentir tanto desaliento le producían excesiva somnolencia para vivir la vida o cómo él apostilló“para sobrevivirla”.

Aunque me alegré que me lo contara, me hizo pensar mucho sobre ello, por lo que me puse a buscar cómo poder ayudarle. Averigüé que no siempre que una persona que se queja de tener una tristeza profunda sufre una depresión, sin embargo, sí que se les trata con tratamientos exclusivamente farmacológicos que lo que en muchas ocasiones agravan, son su dependencia, no sólo de las pastillas, sino del médic@ o de la sociedad, empeorando sus relaciones y su desarrollo vital.

A diferencia de otros trastornos o dificultades de salud mental, la persona que sufre una depresión real suele comunicar su tristeza, su pena, su profunda desesperanza, a menudo incluso con su postura corporal, con su incapacidad para disfrutar, ya no digamos ser feliz, con sus narraciones llenas de tristezas, pérdidas, frustraciones, desesperanza e ideas de suicidio… Esos sentimientos suelen ser el núcleo de la depresión. Sin embargo su entorno debe estar atento a esto.

Según la OMS,la depresión afecta a unos 35 millones de personas, habiéndose convertido en la principal causa de discapacidad a nivel mundial.Uno de cada 10 adultos sufre depresión y aproximadamente el 60% de ell@s no recibe tratamiento correspondiente y eso que si se tratara, se reduciría la sintomatología en más del 50% de los casos. Otro dato importante es que afecta el doble a mujeres que a hombres.

A esto hay que añadir que la depresión no se debe a una causa puntual, sino más bien es el resultado de una combinación de diversos factores, tanto genéticos, bioquímicos como psicológicos.

Últimamente estoy siendo más consciente de lo que es esta enfermedad, quizás mi carácter a veces excesivamente optimista no me ha dejado darme cuenta de lo terrible que es sufrir este tipo de trastornos en muchas de las personas que me rodean y en mi fuero interno he huido “inconscientemente” de los que lo sufrían. Tras escucharle a él me di cuenta que posiblemente gente muy cercana a mi ha vivido eso mismo en determinados momentos de su vida y yo no he sabido estar a su lado para ayudarl@s.

Aunque a priori la solución parece fácil: “ponerte en manos de un especialista” eso si tienes medios económicos que puedan sostenerlo. Ahora bien mirando los datos indicados arriba, 35 millones de personas sufren depresión y no todas ellas pueden permitirse tratamientos . Por ello me encantó encontrar la solución que pusieron en marcha en Zimbabue, dónde 1 de cada 4 personas sufre algún tipo de trastorno psiquiátrico. Allí, la expresión local para la depresión es KUFUNGISISA (pensando mucho). Y es dónde nació este programa The Friendship Bench , Banco de la Amistad” y está funcionando en las principales ciudades de Zimbabue Harare, Gweru y Chitungwiza.

¿En qué consiste este proyecto? Un grupo de mujeres voluntarias, “abuelas” , porque son todas mujeres mayores, utilizan estos “asientos” para crear un espacio para conversar con personas que tienen depresión o ansiedad. Los participantes que se sientan en el banco de amistad para recibir la terapia, muchas veces, se sienten abrumados con una multitud de otros problemas, como el VIH / SIDA o la falta de acceso a servicios de salud, violencia doméstica, pobreza, etc.

Las abuelas, están capacitadas como trabajadoras sanitarias para escuchar y apoyar a los pacientes  de la comunidad y disponibles para conversar durante 45 minutos a la semana con individuos que sufren depresión y ansiedad. El tratamiento dura seis semanas y las «abuelas» utilizan teléfonos móviles y tablets para contactar con especialistas cuando es necesario un tratamiento más específico.

El principio en el que se basan, es una de las funciones de la vejez, ayudar eficazmente a los jóvenes a vivir con la sabiduría suprema del saber morir. Estas “abuelas” están capacitadas para escuchar y apoyar a los pacientes con trastornos mentales, y así les entregan herramientas para poder comprender y resolver sus problemas.

Un estudio de la Revista de la Asociación Médica Americana concluyó que esta terapia, tiene la capacidad de reducir los síntomas de los trastornos mentales en Zimbabue, en comparación con las personas que recibieron el tratamiento habitual. El estudio mostró, que el Banco de la Amistad ,puede ser un programa de tratamiento exitoso, culturalmente aceptable y de confianza para la depresión en un primer nivel de atención, en un país como Zimbabue, donde faltan especialistas en salud mental”,

El principal autor del estudio y uno de los fundadores de la red de bancos de la amistad, el doctor Dixon Chibanda, señaló en un comunicado que “las enfermedades mentales comunes suponen una enorme carga en todos los países subsaharianos”. “Desarrollado durante 20 años de investigación comunitaria, el banco de la amistad empodera a los individuos para conseguir un mejor control sobre sus vidas al enseñarles una forma estructurada de identificación de problemas y búsqueda de soluciones que funcionan”.

El caso de Zimbabue es ejemplar y en otros países lo ha puesto en marcha también. Una iniciativa parecida existe en Canadá, nacida el 2015, instala bancos de madera amarillos en distintas escuelas del país como una forma de recordarles a los estudiantes que se tomen un rato en el día para sentarse a pensar, respirar y conversar.

La idea surgió cuando Lucas Fiorella, un estudiante que tenía depresión, se quitara la vida a los 19 años en 2014. El objetivo de estos bancos amarillos es inspirar conversaciones de igual a igual acerca de la salud mental, con el fin de reducir el estigma y alentar a más estudiantes a buscar ayuda.

Hace pocos días volví a quedar con mi amigo y le pedí perdón. Le rogué que me contara cómo se había sentido durante todo ese tiempo sin guardarse ni un solo sentimiento, desgarro o lágrima y él, agradecido por mi petición, escupió todo el dolor y la desesperanza que habían transitado en su interior.

Entre sollozos me decía que No era exactamente  tristeza, ni dolor, no sufría , sólo que se aburría de la vida . Él siempre había practicado el hedonismo como filosofía , sin embargo ahora no tenía ilusión por nada, le daba pereza sólo el hecho de vivir cada día. Había elegido sólo sentirse cómodo con sobrevivir. Sentía que se iba borrando, disfrazándose de otros mientras se diluía, anulándose porque no quería ESTAR , aunque le costaba no SER. Lo más terrible fue escucharle decir con una voz meliflua que tenía ganas de vomitarse , de fagocitarse con el entorno. Me reconoció que padecía ANOREXIA EMOCIONAL, que le hacía  expulsar todo lo que fluía por dentro desacompasado y ya no le quedaba dentro en ese interior que alguna vez fue rico en flora de amor.

Al final él quizás se sintió un poquito mejor, sin embargo , toda esa mierda interior que él logró sacar me hizo reflexionar sobre lo fácil que es sentirte sol@ muchas veces en el momentos de tristeza y lo sencillo que es que las personas te rodeen cuando todo son sonrisas. A él le prometí que siempre le escucharía con mi oreja magullada de todo ese dolor y a mi misma me hice la promesa que mi risa estentórea no volvería a callar el ruido de la tristeza no compartida.

Tened cuidado que Kufungisisa surfea pletórica entre nosotr@s y no es elitista, se puede instalar en cualquiera. Para tod@s aquell@s que habéis pasado por una situación así, os envío una abrazo repletito de cariño y pegajoso de ánimos.

Por último quería dedicar este post a IRENE (cirujana de las grietas de la vida), gracias por operarme de URGENCIA con la técnica del espejo. Todavía supuran las cicatrices.

Si aún no lo has hecho SUSCRÍBETE A MI BLOG y así compartiremos tristezas y alegrías.

Un comentario sobre “KUFUNGISISA surfea pletórica entre nosotr@s

  1. Me ha encantado, Carolina!! Yo creo que todos deberíamos sentarnos de vez en cuando en uno de esos bancos para aliviar nuestro Alma. El apoyo emocional es muy importante y está infravalorado. Menos pastillas y más conversar.

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