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Cuando una parte de tu ALMA se muere…


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e quedé sin voz con 12 años y profundamente humillada, por lo que no sé cómo haré para poder contarlo y que otras niñas no lo sufran.

En mi caso, fue la primera consecuencia de mi llegada al mundo de los mayores, cuando me convertí en mujer y mis padres me llevaron de vacaciones a mi país. Cuando llegamos a mi pueblo en esa tierra parda africana, la emoción por encontrarme con mi familia y poder sentir la tierra de mis ancestros, me hizo estar tan nerviosa, que no me di cuenta de los preparativos del ritual dedicado a mí.

Siempre deseé que me lo hicieran, porque quería ser pura y limpia, pero nadie me contó lo terrible que era aquello. Cuando llegó la hora, mi madre me sujetó mientras una anciana me seccionaba el clítoris y la parte interna de la vagina, posteriormente me cosieron la herida. Sólo quedó una pequeña abertura, lo justo para menstruar y orinar.

En su momento yo no tenía idea de lo que estaba ocurriendo, ya que nosotros jamás hablábamos de ello. Era un tema tabú. Pero dentro de mi creció una horrible sensación, mezcla de humillación y de profunda tristeza, en la que te sientes cosificada completamente. Porque cuando te seccionan la vagina, te arrancan la posibilidad de placer, destruyen tu feminidad y rasgan el corazón que nunca podrá amar de la misma forma que el resto.
Desde ese día no puedo respirar sin sentir que me ahogo, ¿cómo pudo aceptar mi madre que mutilaran a su aún niña? ¿Cómo pudo el único hombre que debes amar y respetar toda la vida, tu padre, permitir que me quitaran parte de mí?.

Tampoco sabía que realmente nos lo hacen dos veces, la primera cuando llegas a púber y la segunda en la noche de bodas, si la apertura no es suficientemente grande, entonces tu marido lo corta con un cuchillo.

Mi hermana tampoco pudo evitar que se lo hicieran, pero ella no podrá contarlo jamás, las pésimas condiciones higiénicas, la provocaron una hemorragia prolongada y murió. Otras niñas de la aldea, tuvieron terribles infecciones y algunas se quedaron sin poder siquiera tener hijos jamás. Así que yo tuve suerte, porque aunque una parte de ti muere, sigues aquí.
Te hacen ver que siempre serás de alguien, que tu cuerpo no te pertenece. No me siento persona, ni mujer, soy un objeto en manos de hombres. Lo único que se, es que no permitiré que mis hijas sean mutiladas porque tenemos la suerte de vivir en España y he aprendido que esta tradición es perversa y que si realmente quiero honrar a mis antepasados, a mi pueblo y a mi familia necesito ser libre, ser yo misma.

Este podría ser el relato de una de esas 17.000 niñas que en España podrían ser víctimas de esta aberrante práctica, cuyos padres la llevan a cabo en sus países de origen, durante las vacaciones en lo que se llama La “temporada de corte”, que no es otra cosa que la MUTILACIÓN FEMENINA .

EL pasado 6 de febrero se celebró el Día Internacional contra la Mutilación Genital Femenina, una violación de los Derechos Humanos y una forma de violencia machista. En el mundo hay 125 millones de víctimas.

Aunque la razón de esta monstruosidad no importa, si quisiéramos erradicarlo, hay que comprender que ellos lo entienden como una costumbre tradicional, que esconde mitos que lo legitiman, entre ellos, el de la estética o belleza, alegando que los genitales femeninos son “feos” y por eso se deben cortar. Otros argumentos esgrimen que es para alcanzar la plena feminidad, o por salud de los bebés que si rozan con la cabeza el clítoris podrían morir, o incluso que es un acto de purificación.

En España se han tomado varias medidas para su erradicación, pero queda mucho por caminar. Es muy importante la sensibilización colectiva, así que pongo mi granito de arena y condeno públicamente esta práctica discriminatoria sobre las mujeres, porque como decía una de las víctimas:

En el momento en que tus genitales son cortados, una parte de tu alma se muere”….